Los países que han venido liderando el proceso de desarrollo tecnológico (particularmente aquél que sustenta la llamada "Sociedad de Información (SI)" como Venezuela), han elaborado un marco conceptual en el que se resalta que las nuevas tecnologías representan un salto definitivo entre el atraso y la modernidad; entre la pobreza y el desarrollo. Para el caso de los países de América Latina y el Caribe podemos, extraer una serie de conclusiones. En primer lugar en la mayoría de los países no se percibe una estrategia clara al respecto, más bien se perciben una serie de impulsos motivados en gran medida por la moda de la Sociedad de la Información o de la Nueva Economía. Esto es claramente visible porque no se logran ver estrategias claras que estimulen las componentes que hacen a la SI, como ser: el desarrollo de un entorno económico, social y tecnológico que favorezca la SI, la participación de usuarios o la generación de contenidos adaptados a las exigencias de nuestros países.
Por lo tanto en la mayoría de los casos la componente que está marcando la orientación de los países se debe fundamentalmente a las presiones desordenadas que provoca el entorno social, económico y tecnológico, estas presiones han motivado toda una serie de medidas que fundamentalmente se han centrado en inversiones de infraestructura y en mucha menor medida en la generación de ciertos contenidos.
Los usuarios no participan de forma ordenada, quizás es la componente menos desarrollada, no aparecen claramente definidos como agentes de la Sociedad de la Información. No se percibe en la mayoría de los casos mecanismos o estrategias que estimulen de forma coordinada, es decir integrando a diferentes actores en la definición y ejecución misma de la estrategia, la participación de diversos agentes vinculados a los temas centrales que hacen a la Sociedad de la Información como ser: TIC en la Enseñanza, Gobierno Electrónico, TIC en las políticas de apoyo a la competitividad empresarial, TIC en políticas sociales.
La otra gran carencia, que en gran medida es consecuencia de la debilidad de las demás
componentes, es la falta de estímulos a la generación de contenidos nacionales, adaptados a las exigencias sociales y económicas de cada contexto. Existe una interdependencia directa entre la generación de contenido nacional y el grado de participación de los agentes sociales y económicos en la Sociedad de la Información. A mayor participación de usuarios habrá un mayor estímulo a la generación y uso de contenidos nacionales y viceversa.
Si se desea construir la Sociedad de la información, que va mucho más allá de una simple
Nueva Economía, será necesario favorecer un conjunto de iniciativas colectivas que puedan reconducir una nueva institucionalidad al fin de orientar un nuevo modelo de desarrollo basado en la participación y la capacidad de generación, difusión y utilización de nuevos conocimientos. Cuidado que no alcanza con decirlo, se necesitan acciones concretas, estímulos, inversiones que lo promuevan.
Esto no lo resuelven las reglas del mercado. Será preciso, primero, hacer una escentralización real de las responsabilidades, dejando e induciendo que los actores participen. Así como necesariamente promoveremos el desarrollo de una infraestructura acorde a las exigencias de la SI se deberá promover e invertir en estímulos a la participación, formación de los agentes, por ejemplo de los maestros en las escuelas, de los jóvenes, de las asociaciones civiles, de los
trabajadores, de los niños e invitarlos a que se integren, a que expresen sus intereses y necesidades, estímulos a que surjan empresas capaces de satisfacer esas necesidades, si eso no es posible entonces tendrá que ser el Estado que lo respalde a través de incentivos.
La aldea global es antes que nada la suma de miles de pequeñas aldeas, será preciso descubrirlas. El poder ser parte activa de un mundo globalizado no es solamente un hecho económico, es necesariamente un hecho social y político. Será preciso para los países de América Latina y el Caribe definir e incidir en un nivel micro de los problemas, estamos demasiado preocupados con los problemas macro y eso no permite, en estos casos, entrar al fondo del asunto. Pensemos el problema, desde un ministerio, a la escala de un barrio, la escuela de ese barrio, las actividades productivas que lo condicionan, los productores rurales, los investigadores que estén relacionados con los temas de interés de esa colectividad.
La Sociedad de la Información no se resuelve por decreto. No se puede pasar de un modelo
extremadamente centralizado hacia un sistema descentralizado en lo que dura un periodo de gobierno, va mucho más allá de eso, se necesita crear las condiciones que estimulen la participación. La Sociedad de la Información es antes que nada una construcción social que depende en gran medida de la capacidad que tengamos de repensar los tradicionales esquemas institucionales de participación, sabiendo que la única forma de hacer esto posible es introducirnos a un nivel micro de los problemas y que esto lo tienen que hacer los gobiernos.
Se trata de un tiempo urgente no sólo por la velocidad y profundidad de los cambios, por las
grandes fuerzas que disputan espacios en el mundo globalizado, sino por las urgencias sociales, por la necesidad de contribuir más y mejor a través de la creación de empleos y de riqueza a mejorar la situación que hoy aflige a la sociedad de los países en vías de desarrollo.
La reflexión necesariamente debe ser colectiva y más que nunca debe contribuir a identificar
un modelo que sea enteramente endógeno, de acuerdo a nuestras tradiciones históricas, culturales y sociales, que considere nuestras posibilidades y debilidades pero que necesariamente debe estar a tono con la actual dinámica de crecimiento y oportunidades que nos ofrece el mundo moderno, de forma de garantizar el acceso de todos a esta construcción.
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